Columna de Opinión

El Caribe ante los desastres naturales, falta más preparación


Por José David Name Cardozo
Senador de la República Partido de La U.

Las variaciones que ya se reflejan en Colombia por el cambio climático, nos muestran lluvias o sequía en cualquier momento del año.

Estamos bajo el descontrol de las temporadas lluviosas y de verano, por lo que el tradicional Almanaque Bristol se volvió más una pieza de nostalgias que de consultas para ir acordes con el pronóstico del tiempo en los campos y la vida urbana. 

Hoy nos hemos acostumbrado al azote de las inundaciones producto del invierno que desborda los ríos, desliza la tierra, anega cultivos y casas, y ahoga animales y personas, así como a los periodos de intensa sequía que todo lo marchita, enferma y también mata.

En cada catástrofe natural siempre hay un residuo de la mano del hombre, que por acción u omisión genera efectos que a posteriori son devastadores para la misma existencia humana. Lo comprobamos a diario. 

La naturaleza actúa de manera impredecible casi siempre pero la ciencia, la tecnología y la innovación cada día nos ayudan más a entender los fenómenos que entraña y nos permiten estudiar el origen de los fenómenos sísmicos, eólicos, marinos y  fluviales en toda la geografía, en medio de conclusiones que podrían ayudar a evitarlos o a mitigar las consecuencias de corto, mediano y largo plazos. 

La previsión frente a los desastres naturales no ha sido una constante colombiana, tal como le he denunciado en reiteradas oportunidades desde este espacio editorial. Por lo general hemos tenido que actuar sobre la desgracia, es decir, cuando las casas están en el piso y los muertos acumulados en las acera, como ocurrió hace pocos meses en Mocoa, Putumayo. Y sigue sucediendo en otros puntos vulnerables del país.

Desde el Congreso de la República hemos contribuido a afinar ciertos instrumentos de la prevención y a proveer asignaciones presupuestales para el funcionamiento, actualización y modernización del esquema que lo rige, como es el caso de la Unidad Nacional para la  Gestión del Riesgo de Desastres, la Dirección General Marítima y Portuaria, el Ideam y el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas, entre otros, que uno espera actúen de conformidad con lo diseñado.

Sin embargo seguimos bajo el imperio del después de, sin que nos llegue la hora del antes de en materia de calamidades, lo cual sirve sin remedio a la pérdida de vidas humanas y económicas y a la utilización de dineros que muchas veces se desvían a menesteres distintos a la ayuda al desvalido.

La anterior reflexión me sirve para expresar mi preocupación sobre lo ocurrido la semana pasada entre las costas de Taganga en el Magdalena y Puerto Colombia, Atlántico, afectadas por una aparente onda de tsunami provocada por un supuesto deslizamiento de tierra en el fondo marino. 

La gente tuvo momentos de gran susto y luego permanente alteración en las distintas zonas afectadas, por fortuna sin víctimas fatales, por la penetración del mar a las calles, el aviso sobre la carretera Barranquilla - Ciénaga y el derrumbe de más de 20 casetas turísticas, por falta de información y explicación debidas del fenómeno por parte de las autoridades competentes.

El asunto debe ir más allá de tratarse como un evento de poca monta ya superado, más aún si tenemos en cuenta los movimientos de tierra en el fondo marino que podrían tener incidencia en los problemas del acceso a la zona portuaria de Barranquilla y las consecuencias del dragado para facilitar exportaciones de carbón desde los puertos del Magdalena, lo que también habría que revisar en cierta costa de la península guajira. Otra onda tsunami, de mayor nivel, sin estar preparados, podría ser fatal para la región costera.

El tema no es fácil, pero es urgente abordarlo con toda la sapiencia científica del caso, para que no tengamos que lamentar en un futuro el desastre que de alguna manera puede atenuarse, protegiendo de manera especial las vidas humanas. 

Los gobiernos territoriales, los organismos competentes y sectores de la empresa privada, deben unir esfuerzos para analizar lo que es del caso, mientras asambleas, concejos y el Congreso de la República, en el marco de lo que les corresponde, hacen labores de control político sobre una situación que no podemos descuidar de ninguna manera. Tenemos que prepararnos más ante eventuales desastres. Por favor escríbame a jname@josename.com

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