Columna de Opinión


Angustias de la gente que aumentan cansancio social entre colombianos 


Por José David Name Cardozo
Senador de la República 
Partido Social de Unidad Nacional, La U.

Por un lado tenemos aquellas que se generan desde los pasillos gubernamentales, el devenir empresarial y los acontecimientos en los países vecinos, el resto del continente y el mundo, según el comportamiento de las administraciones y las medidas que adoptan.

Las otras se desprenden de la vida cotidiana que encara déficit de ingresos, pésima atención en EPS y hospitales públicos y privados, costo de vida, problemas de movilidad, abusos del sistema financiero, dificultades y altas tarifas en las prestación de servicios públicos como el eléctrico en el caso del Caribe, violencia intrafamiliar e inseguridad en las calles.

Pese a las cifras optimistas que suministra el Dane periódicamente, nos encontramos con una clase media mayoritaria que cada día trabaja más por prestación de servicios que mediante empleo fijo con situación prestacional definida, soportando todo tipo de descuentos y padeciendo la usura porque hay que prestar para pagar seguridad social antes de recibir pago. Hasta el 20 por ciento de intereses en algunos casos.

Eso que llaman profesionales independientes y una larga fila de personas, muchas de ellas niños y niñas, dependen más del favor y del rebusque que del empleo formal. A la hora del mercado, ese ciudadano de clase media y aquel ubicado en la franja de vulnerables, deben asumir una costosa canasta tributaria sobre una serie de productos de primera necesidad, a lo que se suma que ya no hay bolsas gratis. 

En las grandes ciudades proliferan el microtráfico, los juegos ilegales, el licor adulterado y la prostitución como fuentes de riqueza y crecimiento de la criminalidad, no sin antes inducir a miles de jóvenes y madres jefes de hogar a conductas que afectan la tranquilidad ciudadana y hacen invivibles las zonas populares.

Nuestros centros urbanos y las zonas rurales avanzan con una planeación intermitente, improvisada, que cambia de gobierno a gobierno y responde más a intereses personales que a los colectivos. Las vocaciones de un territorio se cambian de la noche a la mañana por el pálpito de alguien y a muchos la vida se les trastorna por los gobiernos caprichosos.

Bogotá, Cali, Medellín, Pereira, Manizales, Leticia, Pasto, Bucaramanga, Cúcuta, Quibdó, Barranquilla, Santa Marta, Riohacha, Valledupar, Montería, San Andrés, Sincelejo y Cartagena, entre las principales, sufren y padecen del mismo mal y en algunas la situación es más grave que en otras por los volúmenes poblacionales y la amplitud del territorio, como es el caso de la capital de la República.

La contaminación no solo del medio ambiente sino la que enrarece las costumbres públicas y privadas en detrimento del bienestar colectivo, ahoga el sistema respiratorio y moral del ciudadano común y corriente que pide a gritos una renovación de esperanzas.

Quien depende de la ayuda pública soporta entrega demorada de subsidios, dilatación de pagos si son víctimas del conflicto, huelga prolongada de maestros si cursa estudios en colegios públicos, indolencia en la atención en salud si llega a ser atendido vía Sisben, inasistencia en la IPS ineficientes y a las que no les pagan, hambre en escuelas oficiales porque el Plan de Alimentación Escolar, PAE, se lo roban, y capacitación en oficios menores que tienen pocas opciones en un mercado saturado por lo mismo.

Ahora con la fiebre que se ha generado por el fomento a la corriente del emprendimiento entre hombres y mujeres, así como el auge de la tecnología, se pretenden mostrar estos frentes como la panacea global cuando el acceso al conocimiento de alto nivel es escaso y todo se ubica solo en el plano tecnológico y técnico. Los doctores, magister y especialistas son más bien pocos, además de los cuellos de botella que se registran al momento de financiar un emprendimiento o avanzar en una faena científica. 

No es fácil para la mayoría de nuestros ciudadanos el día a día bajo circunstancias que están más cerca del pesimismo y la tragedia que de los aires positivos. El asunto es estructural en nuestra sociedad y para cambiar el curso de la historia colombiana es fundamental una reingeniería total en todos los ámbitos del poder y sus relaciones con la comunidad. 

Necesitamos un Estado que multiplique las oportunidades para cada ser humano en el país e incluso para las especies animales y vegetales, los recursos hídricos y las fuentes renovables porque al ritmo que vamos podemos sucumbir ante los embates de la adversidad y la irresponsabilidad de líderes públicos y privados. 

Mis convicciones están orientadas a la formación y consolidación de una clase dirigente empeñada en el juego limpio y en una nueva forma de mirar las relaciones con el Estado, para que se restablezca la confianza ciudadana en los poderes y de esa manera se puedan inyectar el optimismo, el dinamismo y la eficiencia que requiere el país para que todos sus sectores sociales salgan adelante. Para que dejemos atrás la época de la angustia ciudadana que sube como espuma mientras se agudiza el cansancio social entre nuestros compatriotas. 

Sobre esta nueva ilusión debe construirse la Colombia del futuro. Por favor escríbame a jname@josename.com

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