Y después de firmada la paz, ¿qué?


En lo más profundo e íntimo del ser colombiano, es indiscutible el deseo de paz y la buena vibra por el destino feliz del proceso de conversaciones que acaba de iniciarse en Oslo (Noruega) con la guerrilla de las Farc, al que posiblemente puedan añadirse más adelante otras organizaciones subversivas.

No cabe que es un tema complejo, sensible al corazón de millares de compatriotas que han sido víctimas inocentes de un conflicto armado entre el Estado y quienes han pretendido llegar al poder a través de las armas y bajo la premisa comunista. Al Presidente Juan Manuel Santos se le abona y reconoce el noble propósito de su decisión y voluntad política para sacarnos este cáncer cincuentenario.

A la primera mesa de diálogo se sentarán a negociar el gobierno y guerrilleros para medirle el pulso a la reincorporación a la vida civil y política del país, a lo cual habría que instalarle simultáneamente otra mesa en la que se definan los costos y las oportunidades académicas, sociales y productivas de esa reintegración y desmovilización de quienes hoy están en el monte. Es tan importante lo uno como lo otro y así lo haré saber próximamente durante mis intervenciones en el Congreso alrededor del tema.

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