El canto de sirenas de las regalías

Nos cuenta la mitología griega que las sirenas son una clase difusa que comprende varios seres que se distinguen por una voz musical prodigiosa y providencialmente atractiva. Los artistas más antiguos las representaban como aves con rostro o torso femenino, tal vez porque asociamos a las aves con el canto. En la época preclásica las sirenas fueron identificadas con náyades, las ninfas que dotaban de divinidad los cuerpos de agua dulce.

En la historia de Jason y los Argonautas, la habilidad de Orfeo logró que los marineros encantados por la voz de las sirenas se salvaran del desastre. En la Odisea, Ulises tuvo que preparar a su tripulación amparándola de la música de las sirenas rellenándoles los oídos con cera. Ulises se hizo amarrar a un mástil para no lanzarse a las aguas al escuchar su música.

En entrevista publicada por EL HERALDO con el señor Ministro del Interior y Justicia, Germán Vargas Lleras, el viernes 3 de septiembre, percibo un evidente cambio de estilo gubernamental en el tema de la reforma a las regalías. Es lo más parecido al canto de las sirenas. De acuerdo con el alto funcionario, en un abrir y cerrar de ojos, la reforma permitiría que departamentos como el Atlántico pasaran de recibir 10 mil a 400 mil millones de pesos por concepto de regalías. Así les ocurrirá a muchas otras regiones, según el Gobierno Nacional.

El dinero lloverá como el maná del cielo. Nos están dibujando un castillo de hadas pero, como reza el refranero popular, "de algo tan bueno no dan tanto ni gratis". ¿Surgirá la plata a borbotones?, ¿sin lagrimeos incansables en Bogotá?, ¿sin acusaciones por el angustioso y angustiante centralismo?, ¿nos dejarán de señalar como ladrones?, ¿será equitativa la redistribución?, ¿nos recortarán las asignaciones del presupuesto nacional?.

Esas y muchas preguntas más aún están por resolver antes de creer en tanta belleza oficial. Es por eso que llamo la atención de todo el país para que permanezcamos alertas en la discusión de la reforma y no nos arrojemos al precipicio impulsados por el canto de sirenas de las millonarias regalías.

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