En el segundo tiempo del partido, hay que hacer ajustes en la Selección Colombia para la paz

Foto: AFP
Si bien el libreto se distorsionó a la hora del resultado final de las votaciones del plebiscito, la actitud debe ser la de los ajustes para que el sueño de la paz sea la realidad que anhelamos. 

La derrota del Sí en el plebiscito fue, sin lugar a dudas, sorpresiva incluso para los promotores del No, pero creo que se dio como una respuesta a las probables confusiones que generó en la opinión un complicado proceso de acuerdo con las Farc, lo que al lado de una oposición muy fuerte certificó la partida de defunción de la victoria. 

Si bien hay un inevitable mea culpa dentro de los estrategas promotores del Sí, el factor climático jugó un papel fundamental a la hora de limitar los desplazamientos de votantes, especialmente en la Costa Caribe, tanto del Sí como del No, pero estoy seguro que las cifras habrían sido distintas a pleno sol. 

El plebiscito era una elección diferente, más que nunca se pensó en el voto de conciencia, por fuera de las maquinarias y de la compra de sufragantes. ¿Errores? Por ejemplo, sectores del Sí que menospreciaban e insultaban a los del No, el exceso de confianza en el triunfo, la presencia de temas religiosos y morales en el debate público y en medio de la pedagogía del acuerdo con las Farc, la soledad presidencial en los escenarios, el doble juego de algunos estamentos empresariales y la falta de persistencia en la invitación a los opositores a sumar que debió darse el primer día de las negociaciones. 

La propuesta de contraataque de los contradictores fue muy fuerte en redes sociales, que indiscutiblemente tienen una sintonía mucho más alta que la de los medios de comunicación afectos a la paz que recibieron la pedagogía y la pauta del Sí. 

Pienso que el Presidente Juan Manuel Santos combatió muy solo y se dejó percibir que solo bajo su exclusiva responsabilidad estaba el mercadeo respecto de los beneficios del Sí y de la aprobación del Acuerdo por parte de la ciudadanía. Claro que el Presidente es el líder más entusiasta y más comprometido de la paz, pero en mi opinión el equipo de ministros y demás funcionarios estuvieron muy flojos en la pedagogía. Salvo lo que uno veía en cada sitio web de los altos funcionarios, la movilización motivada por ellos fue muy escasa. Entonces creo que un Presidente en solitario, una pedagogía con deficiencias y una estrategia débil frente a la oposición, además del mal tiempo, fueron definitivos a la hora de analizar los factores de la derroto. Al momento de pensar en el segundo tiempo del partido, el director técnico de la paz tiene que hacer necesarios ajustes en la alineación. Por fortuna ya comienzan a presentarse y se van algunos que desde las toldas ministeriales se convirtieron en la mayor piedra en el zapato del Sí. 

Dada la importancia de lo que hay que hacer, los problemas de gobernabilidad, las expectativas de la comunidad internacional y la urgencia de no dejar que madure una sensación de que el país va hacia el despeñadero por el limbo en que se encuentra la paz, considero que hay que articular dos frentes de gobierno. Uno con dedicación exclusiva a la paz y otro concentrado en la solución del abanico de problemas que aquejan a la sociedad colombiana, que no son pocos. La paz tiene debe tener una agenda y el resto del mapa nacional otra, siempre con la tutela del Presidente de la República.

Ya el Presidente Santos ha hecho importantes anuncios y uno de ellos es la conformación de la Comisión de Gobierno que dialogará con los sectores que promovieron la victoria del No. El expresidente Uribe ha llamado a la humildad y a la prudencia, dejando la puerta abierta para el diálogo con los agentes del gobierno. Desde La Habana, Cuba, los negociadores de las Farc también han ratificado la voluntad de paz de la organización. 


La Unidad Nacional no ha dejado de reunirse e intercambia ideas en todos los frentes para fortalecerse cada hora respecto de garantizar la estabilidad de la Nación y respaldar al Presidente de la República en esa tarea. 

El Vicepresidente German Vargas Lleras tiene sus razones para estar atento a lo que ocurre y no interferir con la actuación presidencial, son razones que se respetan desde todo punto de vista aunque uno quiera verlo más activo y comprometido con la agenda de la paz. Hay que considerar los quebrantos de salud que ha tenido y en ese orden lo que hizo era lo que podía hacer, pero en esta segunda etapa del proceso es deseable que tenga manifestaciones más contundentes en relación con el futuro de la pacificación colombiana. 

El abstencionismo en todo el país fue muy alto, en el Atlántico repercutió mucho el factor climático, es decir, el exceso de lluvias y el cierto temor por lo del huracán. El departamento, a pesar de los que no votaron, se expresó por encima de muchos otros entes territoriales y en general lo hizo la Región Caribe a pesar de las dificultades.

La semana posplebiscito la hemos iniciado con cierto sentimiento de desesperanza, inevitable, pero a ella habrá que imponerse con sensatez y osadía porque lo que está en juego es el futuro de la sociedad nacional. El desafío es hablar y concertar, debatir y encontrar consenso, respetarse y superar las diferencias. Es menester que los líderes de los partidos, del gobierno, la rama judicial, el legislativo, la sociedad civil, nos desprendamos de la altivez y la soberbia que empañan el horizonte de los acuerdos. La Patria que estamos obligados a construir es la Patria de la paz.

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