Control y calidad de las obras

Es uno de los temas que más preocupación despierta entre los ciudadanos y alrededor del cual se tejen suspicacias de toda índole por los volúmenes de dinero que se manejan en la mayoría de las contrataciones públicas, particularmente aquellas relacionadas con la infraestructura territorial.

El control y la supervisión de la calidad de las obras públicas es una condición sine qua non del proceso de ejecución y una responsabilidad sagrada por parte de administraciones nacionales, departamentales, distritales y / municipales.

De allí que presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes, corporaciones públicas y órganos de control, deban emplearse al máximo para cumplir con este postulado, de tal manera que se evite  que se sigan robando o despilfarrando de cualquier manera millonarios recursos económicos que con tanto esfuerzo se consiguen en estos momentos.

En el Atlántico el Fondo de Adaptación alertó sobre la precariedad de las obras educativas ejecutadas en el Sur del Atlántico, razón por la cual se anuncia la construcción de un nuevo colegio en el sector de Las Compuertas.  También se han hecho recomendaciones para ajustar las especificaciones de la llamada Circunvalar de la Prosperidad.

En Barranquilla ha habido un profundo malestar con el agrietamiento de la recién construida Avenida del Río, al igual que ocurre con otras vías que son vitales dentro de la movilidad de la ciudad y han tenido importantes inversiones en su recuperación.

Me preocupa en estos momentos la denuncia que registran los medios de comunicación respecto de un “procedimiento inadecuado” para el manejo del cemento durante la construcción del nuevo puente Pumarejo sobre el Rio Magdalena, según lo ha dicho el interventor de la obra. Es necesario que las autoridades locales y los órganos de control pongan mucha atención al asunto, al tiempo que haré lo que me corresponda dentro de mi órbita y competencias.

Las obras públicas en Colombia y sus regiones no pueden seguir siendo una cañería por donde se escurren los recursos públicos a manos de particulares y gobernantes indolentes, mientras la comunidad que debe ser la gran beneficiada solo vive esperanzada a través de titulares de prensa sin que nada se vuelva realidad.

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